
Últimamente se ha regado por todos los noticieros, periódicos, revistas y publicaciones Web, y es el tema de conversación en las oficinas y las esquinas, el tema sobre las pruebas balísticas y nucleares de Corea del Norte.
Hay quienes están en contra del país comunista y se alinean con el pensamiento político gringo: que sólo ellos y sus aliados, tan peligrosos y beligerantes como Israel, tienen el derecho a estar armados y a desarrollar tecnologías nucleares. No es dificil superar la tentación de adherirse a esta corriente de opinión pues, por la forma en que descarada e irresponsablemente los medios de comunicación colombianos informan sobre el tema, Corea del Norte se ve como una nación violenta, retadora y hostíl, mientras Estados Unidos pareciera ser un inocente y benévolo país que, en sus buenas intenciones de un mundo en paz, debe tomar medidas drásticas contra los enemigos de la estabilidad y el progreso.

Por el otro lado se encuentran aquellos que posiblemente no vean tanta televisión, o lo hacen llevando a cabo una evaluación crítica e informándose adecuadamente sobre lo dicho en el medio. Los integrantes de este grupo no necesariamente tienen inclinaciones anti-americanas, comunistas o anárquicas. Ellos descubren dentro de la geopolítica yankee una gran contradicción: a la vez que estimulan por cualquier medio, sea pacífico o violento, que las naciones se desarmen y paren sus carreras
armamentistas, hacen enérgicas protestas ante la UNU y promueven embargos económicos cada vez que alguien no autorizado realiza una prueba militar de considerable envergadura; invierten diez o quince veces el presupuesto anual de naciones del tercer mundo en sus fuerzas armadas, en el desarrollo de nuevas tecnologías militares y la fabricación de un arsenal de dimensiones desproporcionadas. No siendo esto suficiente, ubican sus bases militares y mueven sus hostiles barcos de guerra por todo el mundo so pretexto de "mantener la estabilidad y la paz mundiales".
Bajo estas circunstancias, las personas del segundo grupo consideran necesario el establecimiento de contrapesos que, no estando organizados en bloque, individualmente propendan por un equilibrio militar mundial que a buen momento puedan detener las aspiraciones imperialistas, abusivas y déspotas de países poderosos.

Así, las opiniones sobre el tema divergen profundamente entre dos corrientes: una que acepta y ve con buenos ojos el sistema político mundial actual y otra que no está de acuerdo con la dictadura que vive el planeta y se opone a esa forma de política.
Aquí la discusión no es sobre si Corea del Norte debe o no desarrollas armamento nuclear, pues en últimas ningún país debería hacerlo, sino sobre la autoridad moral y en último término la autoridad en sí que pretende ejercer un grupo de países encabezados por Washington sobre las soberanas decisiones de otros.